12 ene. 2012

¿Qué nos queda?

Llevamos años asistiendo impasibles a la deslocalización de nuestra industria, permitiendo que el tejido industrial de calidad existente en nuestro país se haya trasladado a zonas dónde es más barato fabricar, aunque sea de peor calidad. Priman costes por encima de calidad, eso es evidente; aunque existiesen beneficios. 

Por poner un ejemplo, la industria automovilística ha reducido considerablemente su producción en España y sólo fábricas como la de Martorell o Landaben (Grupo Volkswagen), Almussafes (Ford), Zona Franca (Nissan), Valladolid (Renault) y Vigo (PSA) funcionan a medio gas, con reajustes de plantilla. 
Las grandes marcas textiles hace años que trasladaron la mayor parte de su producción a Marruecos, India, Turquia o China. Las escasas empresas de Tecnología como Sony han cerrado ya sus fábricas en Europa
Aún se mantiene parte de la industria química y parte del sector retail (bienes de consumo) pero hasta cuándo...


El Instituto Nacional de Estadística publicaba ayer los últimos datos sobre la producción industrial en nuestro país y la cifra es escalofriante. En Cataluña, por ejemplo, la producción industrial decreció un 9.7% desde Noviembre del 2010 hasta el mismo mes de 2011; un dato nada esperanzador, mientras que en todo el estado había descendido un 7.0%.

La estadística puede descargarse completa aquí 


Mientras tanto, aquí seguimos discutiendo por la disposición adicional tercera, la nueva subida del IVA, del IRPF, el IBI y no sé cuántas cosas más.
Si no disponemos de tejido industrial, no seremos capaces de generar riqueza y, por tanto, deberemos depender siempre de lo que podamos pellizcar de aquí y de allá. 
Sí, reclamar lo que es nuestro por derecho propio es necesario, pero tenemos que ser capaces de generar más riqueza y no poner en práctica políticas de fomento de la inversión es peligroso, sólo la estamos destruyendo. 
No sé dónde leí hace algún tiempo que había una estadística que indicaba que era más fácil crear una empresa en el Congo que en España, tal vez ha llegado la hora de replantearse la situación. 

El estado del bienestar hace tiempo que se fue al garete. Nuestro futuro ya no se escribe aquí, se redacta en Berlin y en alemán y nos cuesta una pasta a todos. 

Los franceses comienzan a temblar al ver peligrar su triple A., ya miran de otra manera las cosas y asienten; en Alemania estaban contentos hasta ahora, pero también comienzan a sentir el peligro al ver tambalearse a tantos países de golpe. Se niegan en rotundo a devaluar el Euro, pero quizá ese sea el camino, lo peor de ese camino: la subida de la gasolina.

O eso, o continuar reclamando a Madrid; o esperar que una aparezca una nueva etapa de crecimiento del tocho, donde todo el mundo se vuelva loco por comprar, algo ya impensable.

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